M E X I C O

Ciudad de Méjico, la antigua Tenochtitlan de los aztecas, tiene una dimensión que sobrepasa la ya importante función de capital y centro político, económico y cultural de los Estados Unidos de Méjico.

Ocupando una superficie de 1.700 km2, y situada a 2.250 metros de altitud, Méjico es una de las ciudades más pobladas del planeta, con una antigua vocación, ya que tenía un millón de habitantes en tiempos de Moctezuma, concentrando un poder y una riqueza tales que deslumbró al conquistador español. La zona metropolitana de Méjico tiene ahora 17.000.000 de habitantes, de los cuales nueve corresponden a la ciudad estricta. Esta gran área concentra el 20 % de la población total de Méjico y el 30 % de la urbana. Más del 60 % de la población mejicana vive en las ciudades, que siguen creciendo a ritmo francamente preocupante.

El crecimiento de Méjico hace perder el sueño a sociólogos y políticos de todo el mundo, porque se trata de un auténtico polvorín y en la actualidad figura ya entre las tres ciudades más pobladas del mundo, y en el año 2000, si sigue el ritmo de ahora, tendrá 31.000.000 de habitantes y se convertirá en la ciudad más poblada del mundo.

Ciudad de los problemas pendientes

Resulta ocioso decir que Méjico sufre problemas muy graves de vivienda, de abastecimiento de agua, de circulación, de contaminación y degradación del medio ambiente, con importantes secuelas que afectan a la seguridad, las oportunidades de acceso a los servicios, y al desarrollo de los barrios. Más eficacia y justicia en las inversiones, control de crecimiento y mayor participación de la población son algunas de las medidas urgentes.

Existen planes para la descongestión de Ciudad de Méjico que datan de 1979, pero que se ven condicionadas por los enormes recursos financieros que se les debe dedicar. Estas previsiones pretenden reforzar el papel urbano-industrial de las ciudades cercanas a Méjico, pero que tienen vida independiente, abordando serios problemas como las comunicaciones, el abastecimiento de agua, una localización selectiva de las actividades industriales, favoreciendo las empresas que consuman poca agua y contaminen también poco. En el área de Ciudad de Méjico se concentra un tercio de la industria del país y es capital indiscutible en el ámbito de las industrias de transformación, banca, seguros, radio y TV, entidades financieras y comerciales y es también un centro editorial muy importante en lengua castellana.

Una ciudad de estas características reúne forzosamente grandes contrastes: el centro (donde viven cerca de 3.000.000 de habitantes), con las dos grandes vías emblemáticas de Insurgentes y de Paseo de la Reforma (que concentra bancos y poder económico y administrativo), es muy potente, en radical contraste con una periferia de barrios pobres y construcciones marginales, en la cual no todo el mundo se atreve a adentrarse. Es corriente que muchos taxistas vayan armados para defenderse de posibles agresiones, cosa que, por otro lado, tiene una fuerte raíz cultural en todo el país.

El taxi, un mundo propio

Ciudad de Méjico cuenta con 64.000 licencias de taxi, lo cual no quiere decir exactamente que todos los taxis estén en la calle ni que el concepto de profesional del taxi tenga un sentido idéntico al nuestro.

A pesar de que el taxi por definición es el Wolkswagen conocido popularmente como "escarabajo", abundan taxis y situaciones muy diversas. La ciudad cuenta con taxis que, en algunos casos, se pueden distinguir por su color y así los pintados de verde utilizan gasolina sin plomo y por tanto pueden circular diariamente, mientras que los amarillos, los verdiblancos y los taxis grandes y los de otros colores, que utilizan gasolina norma! o diesel, tienen unas limitaciones de circulación establecidas en función del número de matrícula.

Pero a los taxis no se les conoce solamente por el color. Los taxistas llamados "peseros" --derivado de peso, porque subir sólo costaba un peso- circulan por itinerarios previamente establecidos, como si se tratara realmente de un pequeño autobús y por poco dinero viajan diversos pasajeros a la vez. Muchos de estos taxis, que han terminado por parecerse más a una camioneta que a un taxi convencional, son ilegales.

Cabe añadir también los llamados y muy caros "taxis de turismo", que suelen trabajar ante los hoteles (a menudo de acuerdo con el propio establecimiento) y que funcionan sin taxímetro -a pesar de que oficialmente lo llevan-, ya que prefieren acordar un precio con el pasajero. Más allá de un caso concreto, el consejo es general: antes de subir a un taxi hay que aclarar, sin dar margen a la duda, el precio de la carrera y, aún mejor, exigir que el taxista ponga siempre el contador en marcha. "Hay conductores que fingen que el taxímetro está estropeado, en este caso lo mejor es apearse y tomar otro taxi. Es la única manera que tenemos los taxistas profesionales de hacemos respetar", explica rotundamente un habitual de la parada del Sheraton.

Las autoridades de la Dirección General de Autotransporte Urbano quieren poner un cierto freno a la picaresca empezando por uno de los puntos donde es más frecuente: en el aeropuerto internacional Benito Juárez ya funcionan unos taxis "oficiales" muy bien identificados, así como el taxista que los conduce gracias a una chaqueta con los mismos colores y anagrama que los del vehículo. Esta positiva medida no ha acabado, aún, con otras prácticas, porque una legión de taxistas con vehículos, modelos y colores diferentes se echan materialmente sobre el viajero para ofrecer su servicio.

El difícil arte de circular

Los taxistas mejicanos no demuestran, a juzgar por el estado de los vehículos, un interés excesivo por el coche y las normas de circulación también son indicativas. Los atascos que se forman en el centro de la ciudad son muy importantes y abundan las discusiones a causa de un golpe o de un arañazo: los problemas se suelen resolver sobre la marcha, sin que aparezcan casi nunca los papeles del seguro.

No resulta muy fácil circular ni orientarse por Ciudad de Méjico, a pesar de una aparente racionalidad: las avenidas están orientadas del este hacia el oeste y las calles de norte a sur. La ciudad se extiende unos 60 km. en las dos direcciones. Pero si el mapa es complicado, aún lo es más el nivel de la circulación, ya que el tráfico es uno de los más densos del mundo. La confluencia de la avenida de insurgentes con Paseo de la Reforma y siete grandes vías de circulación marca el punto álgido de esta compleja urbe. Por eso se agradecen tanto las zonas peatonales como la Zona Rosa, conocida y frecuentada por turistas, y famosa por sus restaurantes, bares y locales de diversión.

El centro de la ciudad es el Zócalo, oficialmente Plaza de la Constitución, inmenso espacio donde se citan las culturas que dan identidad al Méjico actual: el Palacio Nacional edificado por Cortés sobre las ruinas del palacio de Moctezuma y sede del gobierno federal, las ruinas del templo mayor de Teocalli, la catedral, el soberbio Monte de Piedad, el Palacio Municipal, la Corte Suprema. Toda la ciudad está llena de palacios, iglesias y monumentos de estilo colonial o neo-colonial y, en contraste, acero, hierro, aluminio, revisten los rascacielos que dan prueba de la potencialidad de Méjico.

El metro, de tecnología francesa y con un alto nivel de confort, toma gran importancia en esa ciudad altamente contaminada y congestionada por la circulación. Es, sin duda, el medio más adecuado y más cómodo para desplazarse, ya que los autobuses van extraordinariamente llenos. Las cinco líneas tienen 45 km de recorrido, que comunican el centro con los barrios suburbiales.

Turismo y vida en la calle

Ciudad de Méjico, con 500 hoteles, reúne muchos atractivos turísticos. Recibe cada año un importante flujo turístico procedente de Estados Unidos y Europa. Muchos visitantes quedan fascinados ante el colorido de la ciudad, las oportunidades de la artesanía mejicana y la configuración urbana y sus espacios, a pesar de unos problemas que a menudo no se detectan, Méjico combina una importante herencia indígena, recientemente manifestada de modo rotundo, e! legado hispánico (con la plaza de toros de Méjico, la más importante del mundo con 50.000 espectadores, como una de sus expresiones} y la aportación francesa, breve pero intensa, realizada en tiempo del emperador Maximiliano.

La vida en la calle adquiere mucha importancia. Las habituales multitudes aumentan aún más en los grandes actos populares como la celebración de la Fiesta de la Independencia y de la Virgen de Guadalupe. Es una vida, además, que no parece detenerse de noche: en la plaza Garibaldi, por ejemplo, se reúnen los famosos mariachis (un derivado de la palabra francesa "manage" importada en época de la dominación imperial) dispuestos a cantar canciones de amor, de bienvenida o de despedida donde sea necesario y los restaurantes permanecen abiertos hasta altas horas de la madrugada. Los taxis, naturalmente, no cesan de circular.

Pero si el turismo -y el propio volumen de la aglomeración humana- son beneficiosos para el taxi, qué duda cabe que los grandes acontecimientos son también muy provechosos. Un taxista de Garibaldi añora los juegos olímpicos de 1.968 y los campeonatos del mundo de fútbol de 1970. "Ganamos mucho dinero. Cosas así animan al, taxi y a toda la ciudad. Esto es lo que necesitamos", sentencia antes de que suban los componentes de un mariachi alquilado para actuar en una fiesta en un barrio residencial.