N E W   Y O R K

Asimilar Nueva York a Manhattan es fruto, seguramente, de una simplificación cinematográfica y turística que enoja, por ejemplo, a los 2.500.000 habitantes de Brooklyn uno de los "barrios" de la "big apple". Nueva York se asienta sobre unos 800 km2, y la isla de Manhattan es tan sólo una pequeña parte, una franja estrecha de 63 km2.

Efectivamente Nueva York City es mucho más: Manhattan y los otros cuatro distritos (Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island) tienen 8 millones de habitantes. Con el área metropolitana se convierten en 12 millones y si se incluyen New Jersey y Long Island se llega a la impresionante cifra de los 18 millones de habitantes, es decir, una de las concentraciones humanas más peculiares e interesantes de! mundo, con un movimiento diario como no se produce en ningún otro lugar: cerca de 4.000.000 de personas toman cada día el metro y 2.500.000 personas utilizan e! autobús. Los taxis transportan anualmente 200.000.000 de pasajeros, sin duda con diversidad de procedencias y objetivos. Porque en Nueva York todas las cifras se mueven al por mayor, hay más de 100.000 habitaciones en hoteles de primera, 400 teatros, 15.000 restaurantes...

La densidad del tráfico es un signo bien visible de esta gran concentración humana y no son precisamente los taxistas quienes contribuyen a aligerarla. Los taxi drivers participan de la impaciencia colectiva de los conductores de Nova York, hecha a base de bocinazos en los atascos y que no estimula excesivas consideraciones hacia los peatones ni los otros chóferes. Tampoco los vehículos salen muy bien parados de esa carrera diaria: en general los taxis circulan muy maltratados. Las calles deterioradas, llenas de baches, a causa de los temporales de nieve de 1993, contribuyen a dañar aún más a los coches.

Más colores que el amarillo

Hay 12.000 taxis amarillos, prácticamente todos ellos equipados con radio-teléfono, y 30.000 llamados for-hire vehicles, conocidos con las siglas FHV. Los taxis amarillos, yellow-cars, o medallion cabs, trabajan prácticamente en Manhattan, pero pueden transportar a Westchester County, Nassau County y Newark Airoport y naturalmente hacen también los viajes a los aeropuertos Kennedy y La Guardia.

Estos taxis amarillos son los únicos que se pueden tomar por la calle, mientras que los servicios de los otros deben concertarse previamente. El color tan popularizado por las películas es relativamente nuevo, ya que fue implantado en 1.968 para poner orden y disciplina, ya que hasta entonces cada flota podía llevar sus propios colores y distintivos. Todo lo contrario, por ejemplo, de lo que está ocurriendo ahora en Londres.

Nueva York es una ciudad con pocas paradas de taxis a excepción de los hoteles y de sitios obligados como la Penn Train Station, la Grand Central Train Station, la Port Authority Bus Terminal y los aeropuertos. También se encuentran taxis a la salida de los principales teatros -hay más de 400-, y a la puerta de los restaurantes más frecuentados, no necesariamente de lujo. Los taxistas deben enfrentarse, sin embargo, a la constante competencia de las limusinas que se ofrecen ante los hoteles o que trabajan regularmente para la clientela de los restaurantes, de modo que cuando se ofrecen para "llamar un taxi" es muy probable que aparezca una limusina o un "black car" con tarifas que el turista o el viajero ocasional poco controla.

Hay grandes flotas, de 25 o más taxis, que trabajan dos tumos cada día, pero el 50 % de las licencias están reservadas a propietarios individuales para evitar el monopolio. Muchos propietarios alquilan sus licencias, llevándose un porcentaje sobre la recaudación o bien una cantidad fija diaria.

El taxi, transporte básico

El taxi es fundamental dentro del sistema de transporte de la ciudad de Nueva York, y en concreto en Manhattan. Durante el año 1.992, según un estudio realizado por la Taxi and Limousine Comission de Nueva York, los taxis transportaron un 58 % de pasajeros más que los autobuses y los viajes en taxi representaron el 30 % de todos los viajes realizados (taxi, autobús, metro o coches de alquiler).

Desde 1.977 se viene produciendo una llamémosle "guerra" entre taxi y autobús que éste pierde. Mientras que la utilización del taxi ha crecido un 46 % la del autobús ha bajado un 24 %.

Contrariamente a lo que podría pensarse, el usuario básico del taxi no es el turista o forastero sino e! neoyorquino: el 70 % de los viajes los realizan residentes en Manhattan que, como promedio, toman el taxi 85 veces cada año. Y puestos a datos es interesante preguntamos para qué utilizan el taxi los habitantes de Manhattan y Nueva York. El 6ó % de los usuarios residentes en la ciudad lo utilizan "como si fuera un coche familiar" (a juicio de la Taxi and Limousine Comission), para viajes entre e! domicilio y el trabajo y/o restaurantes, compras o centros de tiempo libre.

Déficit de transporte público

El auge del taxi posiblemente puede explicarse si se tiene en cuenta que Nueva York, es una ciudad deficitaria en trasporte público con respecto al volumen de pasajeros potenciales que concentra. No debe olvidarse que más de la tercera parte de la fuerza laboral de la Región Metropolitana de Nueva York trabaja en Manhattan, al sur de la calle 61, pero reside en áreas suburbanas. El ayuntamiento de Nueva York tiene muchas dificultades financieras para afrontar algunos problemas de la ciudad, entre ellos la renovación de los autobuses y las inversiones en transporte público.

E! metro, con sus nueve líneas, es el medio de transporte preferido de los neoyorquinos, y realiza prácticamente el 50 % de los viajes producidos en la ciudad por su rapidez y porque funciona prácticamente las veinticuatro horas del día. La inseguridad no parece ser un factor de peso para que los neoyorquinos opten por otros medios.

Taxis FHV

Los 20.000 "licensed neighborhood cor services" establecidos en 477 locales o compoñías son los taxis "de vecindad” externos a Manhattan, que se toman pidiéndolos por teléfono, concertando previamente el servicio o acudiendo a sus garajes. Nunca se pueden parar en la calle y el color amarillo les está prohibido.

Los 8.000 "black cars" o cocnes negros, por su lado, disponen de 45 bases o compañías y deben añadirse 1.600 limusinas de 67 compañías. Las limusinas son los únicos vehículos dispensados de identificarse visiblemente de su condición de taxi. Todos los "for hire vehicles" pueden llevar hasta 9 pasajeros.

La Babel de los taxistas

Prácticamente no se encuentran en Nueva York taxistas americanos, al menos en el sentido que un europeo puede darle al término, ya que el taxi no es sustancialmente diferente de la realidad de una ciudad de la que se dice que hay más irlandeses que en Dublín, más italianos que en Venecia y más judíos que en cualquier otra ciudad del mundo. Son descendientes de gente esforzada llegada de todas partes y decidida a dotarse de un espacio común de libertad y de convivencia, muy diferente al de la ciudad norteamericana típica. Lenguas, dialectos, diarios escritos en los idiomas más diversos, costumbres, cocina, proporcionan -más allá de los tópicos- la dimensión mestiza de esta ciudad edificada a base de sucesivas oleadas. Entre 1885 y 1895 recibió más de 2.000.000 de personas procedentes de Italia, Irlanda y el este de Europa; los portorriqueños llegaron masivamente a partir de 1900 y los negros del sur, muchos de los cuales se instalaron en Harlem, en 1929.

No puede afirmarse que los taxistas de Nueva York no son amables, pero no puede decirse tampoco que se desvivan por el cliente. Una de las principales dificultades con que tropiezan es el desconocimiento de la ciudad y del idioma inglés -más allá de las reglas básicas exigidas por, las autoridades para pasar el examen de taxista- lo cual complica la relación con el viajero, limitándose sencillamente a la dirección que se les ha dado como destino. Por ello, antes de iniciar la aventura del taxi, es siempre recomendable comprobar que se ha sido bien comprendido. No es fácil que sepan de un restaurante o un pequeño teatro, pero en cambio conocen bien los lugares emblemáticos de la dudad, los que aparecen en las postales. No existen problemas, pues, para llegar a Rockefeller Center, a Broadway o a la quinta avenida.

Los taxistas parecen organizarse en función de grupos raciales. El 80 % son inmigrantes procedentes de 84 países extranjeros que hablan hasta un total de 60 lenguas y sólo un 10% ha nacido en Estados Unidos. Destacan africanos, indios, bengalís, paquistanís, haitianos, que ponen música de su país y se comunican en la lengua propia a través de los canales radiofónicos, ignorando a menudo las indicaciones de la operadora. Hay actualmente muy pocos taxistas de lengua española. "Esta ciudad es muy bonita para los turistas, pero muy dura para abrirse camino. Si no nos ayudamos entre nosotros, ¿quien nos ayudará?", explica claramente un muchacho de poco más de veinte años nacido cerca de Delhi.

Al margen de características raciales y culturales, señalemos que hay cerca de 40.000 conductores de taxis, con un promedio de edad de 39 años, pero sólo un 30 % trabaja "full time", es decir, 40 semanas a! año o 4 días a la semana. Apenas si hay mujeres trabajando en el taxi de Nueva York, poco más del 1 %. Las jornadas laborales suelen ser duras; muy a menudo un taxista trabaja hasta doce horas diarias, realizando unos 30 viajes como promedio.

Para ser taxista en Nueva York hay que tener más de 19 años,  pasar un examen físico y de inglés, aprobar en la Taxi Driver's School, dependiente de la TLC y que, durante 40 horas (de dia, de noche o los fines de semana) proporciona formación sobre la circulación en la ciudad, conducción segura, cortesía, cómo reducir el estrés en el trabajo y cómo interpretar las normas legales. Un autobús de la escuela traslada a los aspirantes a taxista a conocer los diferentes barrios de la ciudad.

Los usuarios

Turismo, negocios, arte, cultura, diplomacia (es sede de las Naciones Unidas), todo cabe en Nueva York, que tiene un importante flujo de turismo procedente del interior de los Estados Unidos y de Canadá, atraído por la fascinación que produce la ciudad de los rascacielos. Nueva York recibe anualmente 17.000.000 de visitantes, de los cuales 2.500.000 aproximadamente proceden de ultramar. Los itinerarios son infinitos, desde las preferencias culturales (como los famosos Museo de Arte Moderno, Metropolitan, Guggenheim) hasta los lugares más emblemáticos (Central Park, Lincoln Center o estatua de la Libertad) o más curiosos (Chinatown, Litle Italy o el puerto). O tal vez las compras en cualquiera de los treinta grandes almacenes o de las miles de tiendas que hay en la ciudad.

Nueva York es muchas cosas a la vez: es un importante puerto, es capital de la moda, de las finanzas y centro de la vida cultural e intelectual de los Estados Unidos y cita para congresos y reuniones, con cerca de un millón anua! de congresistas, si bien en los últimos años esta actividad ha descendido ligeramente.

En New York City trabajan más de 3.200.000 personas. Los servicios, el comercio, las finanzas, los seguros, los negocios inmobiliarios proporcionan empleo a cerca del 59 % y la construcción y las manufacturas a un 21,6 %. Tiene, como contrapartida negativa,  tasas de paro más elevadas que el estado de Nueva York, y la vecina New Jersey.

Los turistas buscan los rascacielos (Empire State Building, Chrysler, Trump Tower, World Trade Center, Chase Manhattan Bank y tantos otros) que son expresión del poder del capitalismo de Nueva York. Los dos tercios de las transacciones norteamericanas se efectúan en Wall Street y en la bolsa de Nueva York, uno de los grandes indicadores de la economía mundial, pero la ciudad no se resigna a un papel de gran oficina. Tiene 1.500 Km de muelles de carga, refinerías de petróleo, industrias metalúrgicas, textiles, alimenticias, químicas y manufacturas.

Si durante el día los taxistas de Nueva York trabajan básicamente con los atareados creadores de riqueza, de noche encuentran una buena fuente de ingresos acercándose a los teatros de Broadway, a la puerta de los restaurantes a los que la gente acude después de la función, a locales de jazz o a los entrañables bares y restaurantes de zonas con tanta personalidad como Greenwich, SoHo, o TriBeCa. Naturalmente, no faltan taxis ante las discotecas y clubs de moda que marcan pautas en todo el mundo, de los lugares especialmente reservados a la gente joven, como Planet Hollywood o Hard Rock Café o los clásicos y caros como Rainbow.

El poder de la T & LC

La New York City Taxi & Limousine Cornission, conocida con las siglas de TLC, dependiente del ayuntamiento, se encarga de la ordenación del sector del taxi. Publica información con las normas de uso del taxi, las tarifas oficiales y tiene autoridad para dictar las reglas que deben observar propietarios y conductores y puede revocar las licencias cuando se han producido serías violaciones de las mismas.

La Comisión está formada por un presidente ejecutivo y ocho miembros nombrados por el alcalde de Nueva York. También hay cinco representantes de los distritos de la ciudad. Una de las obsesiones de la TLC es, sin duda, el respeto a las tarifas establecidas, que figuran obligatoriamente pintadas en la puerta de los vehículos.

La Taxi & Limousine Cornission cuenta con una plantilla de seiscientos trabajadores distribuidos en tres centros, uno en Midtown Manhattan y dos en Queens, que llegan a instruir hasta 30.000 expedientes al año. Cuenta también con una especie de policía del taxi, llamada oficialmente The Enforcement Division y más popularmente The Patrol, la patrulla, que puede detener a los taxis en la calle para inspeccionar el estado externo o mecánico del vehículo, identificar al conductor, o simplemente comprobar que toda la documentación se halla en regla. Hay que decir que la operación resulta, tal vez como corresponde a Nueva York, excesivamente cinematográfica y aparatosa...