R O M A
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Un taxi, o tassi, romano es un automóvil amarillo con una luz encima lanzado a la carrera urbana más apasionante de Europa. Esta podría ser una manera de definir el sector sí hacemos caso del nivel de tráfico y congestión de la capital de Italia. Roma tiene actualmente más de 2.800.000 de habitantes sobre una superficie de poco más de 1.500 km2. Esta área está servida oficialmente por 5.325 taxis, un número pequeño si lo comparamos con el de otras ciudades, tal vez porque en Roma abundan los taxis ilegales, denominados "abusivi" por los precios que cobran por una carrera en la que a menudo pican turistas o "provincianos". Roma cuenta también con cinco centrales de radio-teléfono con 3.000 vehículos. Los taxis dependen del ayuntamiento que establece y aprueba las tarifas, pero la Región (parecida en cierta manera o las autonomías españolas) tiene también competencias sobre la organización del servicio. |
Roma es mucho más que la ciudad histórica, ya que sólo una cuarta porte de los romanos vive dentro de los límites de la "Vecchia Roma". No sólo no cabrían todos, sino que además los precios de la Roma histórica lo convierte en prohibitivo. En los últimos cien años Roma ha pasado de 250.000 habitantes a los que tiene en la actualidad. El gran crecimiento, sin embargo, se produjo después de la segunda guerra mundial, cuando más de un millón de personas procedentes del sur de la península, el Mezzogiomo, se establecieron en Roma y, entre ellos, naturalmente, muchos de los que hoy -o sus descendientes- cultivan el oficio del taxi.
Este crecimiento fuera de límites dió origen, lógicamente, a un cinturón de barrios de hormigón en la periferia romana, donde el 75 % de los edificios están construidos fuera de ordenanzas, que tienen aún carencias educativas y de servicios con todas las complicaciones sociales que ello comporta.
El carácter de la ciudad
Roma es una ciudad de servicios que tiene su contrapeso y su complemento con las ciudades industriales del norte, especialmente Milán y Turín. Cuando se habla de la moda italiana, por ejemplo, se suele decir que Milán es la fábrica y Roma la pasarela, a pesar de que las ferias profesionales se celebran en la ciudad del norte. Lo cierto es que en el centro histórico de Roma tienen tienda todos los nombres sagrados de la moda italiana. Su crecimiento y el de la joyería, el calzado y el diseño, ha desplazado progresivamente del centro a viejas actividades comerciales y artesanales.
Roma no es como París y Londres, que compatibilizan su carácter de gran capital con la condición de centro comercial, financiero e industrial, pero tampoco es como Washington, que se limita al arte de gobernar. Como ocurre con la moda, muchas empresas instaladas en otras regiones de Italia tienen casa en Roma, aunque sea sólo por razones representativas, porque no debe olvidarse que en Roma están la Presidencia de la República, el gobierno y la administración del Estado. Es en Roma donde es preciso efectuar gestiones, pedir favores y proyectarse. Sin embargo, en términos generales, Roma no es una ciudad de negocios. Añadamos, dicho esto, que Roma y su entorno cuentan con una cierta producción industrial, sobresaliendo las industrias textil y de la confección, químicas, petróleo, hierro y acero.
Siempre "la machinna"
Si algo caracteriza a Roma, más allá de su carácter monumental e histórico, es el tráfico, denso e inacabable. La policía urbana se ve impotente para ordenarlo, ya que muy pocos conductores respetan los semáforos y los peatones se ven inmersos en una auténtica aventura. Los semáforos en rojo y las direcciones únicas tienen mero valor orientativo.
Un efecto de este tráfico monstruoso es la contaminación, que daña piedras centenarias. Un caso evidente es el de la estatua del pobre emperador Tiberio, que ya no puede saludar a los romanos desde el Campidoglio, cerca del ayuntamiento. La contaminación ha obligado a las autoridades no sólo a guardar mármoles centenarios, sino también a tomar medidas excepcionales como limitar el tráfico en el centro histórico, cerrando algunas zonas. Una de las ventajas de los taxis romanos es que pueden entrar en alguna de las áreas restringidas y circular, como en el caso de Barcelona, por el carril reservado a los autobuses.
Los taxistas no son ajenos a una conducción llamémosla temeraria, pero no se producen especiales problemas, al margen de algún grito y algún gesto, porque los romanos han aprendido a convivir con automóviles enloquecidos. Roma es una de las pocas ciudades donde la grúa municipal es capaz de mover un coche de lugar unas decenas de metros sin dejar aviso alguno. El automóvil, la macchlna, es una de las grandes pasiones de los italianos, que lo aman y maltratan a la vez.
El metro condicionado por la historia
En Roma el servicio de metro es muy limitado, porque el pasado de la dudad lo ha convertido en una empresa prácticamente imposible: cualquier excavación saca a la luz restos gloriosos que es imposible destruir. Por la misma razón no existe prácticamente ningún aparcamiento público, lo cual se suple con una sofisticada picaresca organizada alrededor de la vigilancia de los coches en doble o triple fila. Naturalmente, el autobús y las dos líneas de tranvía son mucho más importantes como sistema de transporte colectivo.
Los romanos...
Roma es una ciudad muy crítica con el gobierno, los partidos, el tráfico, e! ayuntamiento, el papa, la curia, pero también lo ama todo. ¿Entran los taxis dentro del saco de la crítica de los romanos? Sí si tenemos que guiarnos por las conversaciones privadas, por la facilidad con que taxistas y conductores intercambian gestos y palabras. No existe, sin embargo, estudio alguno que avale estas impresiones, ni datos sobre el nivel de utilización del servicio del taxi por parte de los romanos.
Todos son apasionados críticos y defensores, a la vez, de esta ciudad incómoda, congestionada, calurosa, llena de gente dispuesta a salir de su casa. Y es que la vida de Roma está en las calles y en las plazas.
"Los romanos buscan en e! Trastevere las esencias de Roma, su identidad". Lo explica un taxista que vive en vía del Moro, en e! corazón del popular barrio. Muchos romanos, en efecto, se hacen llevar al Trastevere persiguiendo una cocina que no es sólo para turistas. Una trattoria, una tavola calda, un ristorante les reconcilia con la vida, haciéndoles olvidar el tráfico y las dificultades del día. Este barrio, Trastevere, al otro lado del Tiber como el propio nombre indica, se ha puesto de moda y los elevados precios están expulsando, poco a poco, a la gente de toda la vida. Aún es posible hallar, sin embargo, los mejores paseos y e! mejor observatorio sobre el alma popular de la ciudad.
...y los taxistas romanos
Los taxistas romanos son extrovertidos, vociferantes, insatisfechos como en todas partes, dispuestos a solucionar la crisis de gobierno o el tráfico de la ciudad. La verdad es que parece que lo sepan casi todo de Roma, sin duda una de las ciudades europeas con más misterio.
Pero al lado de la queja y de la insatisfacción, los taxistas de Roma expresan también, aunque pueda parecer contradictorio, grandes dosis de paciencia, de filosofía y de ironía con las que afrontan las situaciones, porque son conscientes de que no pueden perder los nervios ante los atascos circulatorios, las frecuentes manifestaciones que cortan las calles o las huelgas de los servicios públicos.
Al margen de nuestras impresiones, las autoridades municipales romanas disponen de muy pocos datos sobre el perfil del taxista romano. En términos generales, los taxistas romanos son trabajadores autónomos o trabajadores agrupados en cooperativas, no existiendo oficialmente la figura del propietario con taxistas dependientes o empleados a su cargo. Como es lógico en un país altamente sindicalizado existen diversos sindicatos de taxistas que intentan luchar decididamente contra los taxis clandestinos. Los romanos suelen decir que los taxis no están nunca donde se les necesita y que tanto da que se pidan a través del radio-taxi como que se desplacen a una parada. Al margen de las exageraciones, hay paradas en lugares muy céntricos como piazza de Spagna, piazza Cavour, o Trínità dei Monti y en principales hoteles. En el aeropuerto de Fiumicino, o de Leonardo da Vinci (donde oficialmente hay un tumo permanente de 400 taxis), y en las estaciones de ferrocarril de Roma Termini y de Tiburtina, la espera en la parada a menudo es muy lenta para el usuario. |
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Peso del turismo
Roma es esencialmente turística. Baste recordar que es la ciudad del mundo con más obras de arte, iglesias, monumentos o restos arqueológicos acumulados a lo largo de más de 2.500 años.
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Hay más de 1.300 hoteles y pensiones de todo tipo, si bien las preferencias de los taxistas, a la hora de buscar clientes, se inclinan hacia hoteles de lujo como el Cavalliere Hilton, el Excelsior o el Lord Byron. Saben que Roma es una ciudad cara que ha eliminado un cierto turismo marginal, pero también que el turista medio cuenta su dinero antes de subir a un taxi. Los turistas se mueven por intereses preconcebidos, por lo que les han contado, lo que han visto en fotografías, en imágenes como el Colosseo, la plaza de San Pedro del Vaticano, el Foro, la Fontana de Trevi, la Piazza de Spagna, las catacumbas, el monumento a Vittorio Emmanuele, la Vía Apia, o por mitos ya inexistentes como Via Véneto, símbolo de la "dolce vita" en un momento de la historia de esta dudad milenaria. "Pero los turistas todavía se hacen llevar a Via Véneto", aseguran los taxistas. |
Son muchos los visitantes que saben lo que quieren, explican los propios taxistas, que se hacen conducir a la barroca Piazza Navona, al mercado de Porta Pórtese o al de Campo dei Fiori, al palacio Famese, a un pequeño museo, a una iglesia singular o al Café Greco donde escribieron Keats o Andersen y frecuentaban Wagner, Byron o Fellini. Otros prefieren que el taxi les deje, como por azar, en cualquier parte para seguir un paseo a pie, Y es que en Roma no solamente es posible, sino conveniente, perderse en cualquier plaza, en la observación de los patios interiores, las fachadas barrocas, las imágenes, las columnas, los dioses paganos, la hiedra pegada a las paredes, los jardines inverosímiles o el color de una decadencia siempre renovada y eterna. Roma es el paraíso de los paseantes sin prisa por coleccionar el mayor número de monumentos vistos en un solo día.
Turismo y religión
Pero hay en Roma un turismo específico que da mucho dinero a los taxistas: el turismo religioso, que suma audiencias del papa, grandes fiestas religiosas, canonizaciones, reuniones de órdenes religiosas, concentraciones, etc. Porque no debe olvidarse que Roma es también un gran centro espiritual: Centenares de miles de peregrinos, por ejemplo, ocupan el domingo de Pascua la plaza de San Pedro para recibir la bendición papal. "He transportado frailes, curas, seminaristas, monjas, devotas, obispos, incluso un cardenal americano que no se entendió con su chofer sobre el lugar donde debía recogerle", ironiza un taxista.
El Vaticano constituye un mundo en el interior de la ya compleja Roma. Con apenas 44 Ha., 1.000 súbditos, 2.000 empleados, muy pocas mujeres y menos niños aún. Sorprende por su poder espiritual y material, por la cultura y el arte que ha acumulado durante siglos de historia (los tesoros de los Museos vaticanos, la Capilla Sixtina, La Piedad de Miguel Ángel o los frescos de Rafael...) y por la cantidad de cosas que pueden caber en un estado tan minúsculo: gasolineras, supermercados, helipuerto, moneda propia, policía, guardia suiza, sellos, correos, estación de tren... Tiene prácticamente de todo, excepto taxis, que son los mismos que los de la Roma pagana.